Guerrilla Verde

 

Como muchas de las buenas historias, Guerrilla Verde nació como algo que consideraríamos una casualidad. El equipo de Alberto Núñez llegó a la primera huerta del bañado sur por medio de Ana Verón, que se encontraba desarrollando un proyecto de cooperación en la localidad. Ahí conoció a Alicia Penayo, una mujer de la zona, y lo que se perfilaba como un taller de compost y de huertas orgánicas para mujeres que estaban organizando ollas populares, terminó congregando a un grupo de mujeres independientes que luego conformarían Guerrilla Verde, una organización medioambiental con enfoque social y un fuerte componente de género,  en dónde una red de mujeres colabora para alcanzar  la independencia económica  al tiempo de sostener a sus familias y desarrollar sus barrios. 

 

 

La organización busca un país más ecológico, autosustentable y con menos desigualdad. En medio de la crisis generada por la pandemia del COVID-19, la respuesta comunitaria de las ollas populares generó una necesidad de producción de verdeo que no lograban satisfacer con facilidad. Estas dinámicas de organización comunitaria motivaron esta idea, que surge al entender la problemática medioambiental y social, la fragilidad del sistema económico, y la dificultad en el acceso a recursos, y plantea apoyar la soberanía alimentaria a través de capacitaciones a mujeres y huertas comunitarias. Ahora mismo la iniciativa tiene dos frentes: la producción de huertas orgánicas dentro de los hogares para la comercialización de los productos en la localidad, cuya venta se hace principalmente por whatsapp, que además proveyeron a varias ollas populares durante la pandemia; y la elaboración de macetas y composteras de madera para la venta a otros puntos del país. 

El proyecto actualmente se financia con fondos propios o donaciones para seguir comprando  insumos; por ejemplo, a fines del 2020, las mujeres de Guerrilla Verde recibieron un cargamento de tintes capilares, se organizaron y comenzaron a venderlos para poder comprar insumos para sus cultivos, en ese caso específico, varios metros de media sombra, sustratos y tambores para mejorar la producción de las huertas, que hoy, después de las capacitaciones ofrecidas, son más de 50.

 

 

Guerrilla Verde se organiza con un staff de medio tiempo cada vez que la situación lo amerite, con la posibilidad de una apertura para voluntarios de la zona.

Ver a los problemas como una oportunidad

Daisy, una de las mujeres parte del equipo nos cuenta: “La pandemia nos unió , empezamos con las verduras porque faltaban para las ollas populares, no venían en los kits que nos proveía el gobierno, así que cuando escuché que iba a haber un taller de cómo hacer huertas no dejé pasar la oportunidad”. Daisy, después de recibir la capacitación, instruyó desde su experiencia a cuatro vecinas más que también estaban interesadas en las huertas urbanas pero que no habían podido acceder al curso original.

 

 

Zulma Medina es otra de las mujeres que forman parte de la red, con una larga trayectoria trabajando en organizaciones civiles del bañado y vasto  conocimiento sobre su barrio, nos habla de que la desigualdad en las responsabilidades del hogar y la crianza de los niños es una de las principales barreras al empoderamiento de las mujeres y cómo las tareas que sólo realizan las mujeres, contribuyen como una traba para su desarrollo profesional. Zulma también nos habla de cuánto aún nos falta para superar el machismo y la violencia doméstica. A pesar de las barreras, también nos cuenta, optimista, sobre todo lo bueno que tiene y logró: “tengo mucho apoyo moral de parte de mi familia, mis hermanas, mi pareja; ellos me ayudan a continuar”.

Alberto, por otro lado, que viene trabajando con asociaciones de la zona hace un par de años a través de distintas organizaciones, además de ofrecer apoyo como médico de profesión, considera que otra barrera a superar sería romper los estereotipos sociales que sufren todos los días los bañadenses para lograr también más seguridad en las mujeres de la organización. 

Entre las beneficiarias directas de Guerrilla Verde se encuentran 65 mujeres de los bañados sur y norte de Asunción, quienes a través de las ollas populares, alcanzan a 120 familias paraguayas, alrededor de 267 personas, a las que alimentan tres veces a la semana gracias a su organización ciudadana.

 

 

Próximos pasos

En el futuro, con la ayuda de Moirū, la iniciativa buscará capacitar sobre técnicas para el cuidado y manutención de las huertas a las beneficiarias, instalar y equipar un invernadero para que la siembra aguante las inclemencias del tiempo y poder ofrecer más variedad de verduras y hortalizas; así como instalar nuevas huertas comunitarias dentro de Bañados Norte y Sur con el apoyo del Laboratorio de Aceleración del PNUD y la Estrategia Nacional de Innovación (ENI).

Seguí los pasos de la iniciativa en instagram, en wendá o en el canal oficial del concurso en youtube.

 

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