La agroforestería, herramienta para el manejo sostenible del bosque y la seguridad alimentaria

14-dic-2017

Lucila Torales vive en un Paraguay rural; un territorio que por cientos de años se veía eterno e inmutable. Las historias de vida de sus bisabuelos, sus abuelos y sus padres eran muy parecidas, casi idénticas: un andar armonioso rodeado de naturaleza. La infancia de Lucila también fue así, pero hace unas cuatro décadas las cosas en el campo comenzaron a cambiar. Los árboles comenzaron a ser talados para ser exportados, para convertirse en carbón o para dar lugar a plantaciones. Si bien estas actividades de buenas a primeras no son negativas, se convierten en ello cuando se tala desmedidamente sin un plan de manejo sostenible de bosques, lo que permitiría que la actividad sea sustentable.

Como consecuencia de estas prácticas el Paraguay rural cambió mucho en las últimas décadas, y con él las vidas de quienes lo habitan, entre los que se encuentra Lucila. 

Ella vive en Tavaí, departamento de Caazapá, a unos 280 kilómetros de Asunción, capital de Paraguay. Años atrás, en la cercanía de su casa se instaló un local de venta de carbón, que en sus palabras fue uno de los principales responsables de, “sin ningún remordimiento”, talar los árboles y hacer desaparecer los bosques de la zona. Con la mirada congelada en un lugar sin tiempo, Lucila enumera las consecuencias que esta situación trajo a su comunidad, entre las que resaltan la inestabilidad del clima y la llegada de nuevas enfermedades.

De armas tomar, Lucila, quién ya venía trabajando con la Asociación Distrital de Tava’i Pora -la cual actualmente preside-, se enteró de la posibilidad de obtener fondos del Programa Pequeñas Donaciones/CBR+ Paraguay (PPD), y decidió con sus compañeras aplicar con el objetivo de contar con un vivero forestal, de modo a reponer los árboles tumbados, buscando restaurar parte de la masa boscosa.

Fue así que con el apoyo de la Fundación de Religiosos para la Salud Paraguay (FRS Paraguay), prepararon y presentaron el proyecto Mejora de la salud ambiental y humana en Tavaí a través de la agroforestería desarrollada por mujeres rurales organizadas, el cual fue seleccionado e implementado a lo largo de 18 meses, con foco en la agroforestería, producción agroecológica, fabricación de defensivos orgánicos, instalación de un vivero comunitario, talleres sobre equidad de género, y capacitación en comercialización.

“Una de las razones que nos llevó a optar por un vivero fue que en nuestra comunidad se habían talado casi todos los árboles. Decidimos encargarnos de reemplazarlos a pesar de que no hayamos sido las responsables de su desaparición, porque eso trajo consigo el cambio climático y las enfermedades. Los bosques dan estabilidad al clima y dan sombra, fruto, oxígeno, y también sirven como leña. Su utilidad es inmensa”, sostuvo Lucila.

Como beneficiaras del proyecto, las 170 socias de los 12 comités de la Asociación fueron las primeras beneficiarias de los plantines generados en el vivero. Los mismos fueron a parar a sus chacras con la intención de fortalecer la práctica de agro forestería, la cual invita a que convivan en un mismo espacio árboles y cultivos agrícolas. Esta asociación trae consigo beneficios ambientales y socioeconómicos, ya que permite la conservación de la fertilidad de los suelos, se aprovecha mejor la superficie del terreno con productos a corto (cultivos agrícolas), mediano y largo plazo (madera),  la sombra de los árboles beneficia a ciertos cultivos, y aumenta la resistencia a plagas y enfermedades por parte de los cultivos, lo que permite una producción orgánica de alimentos para el autoconsumo y la venta.

“Anteriormente esto era imposible. Muchos labriegos decían que los cultivos no podían crecer en las sombras. Ahora aprendimos que sólo necesitan de ciertos cuidados. A esto se suma que ya no estaremos trabajando bajo el sol, y que carpiremos la chacra sin que el calor del sol nos haga daño. También plantamos árboles frutales para alcanzar la seguridad alimentaria. Todavía no contamos con una huerta de todo tiempo, pero es nuestro próximo objetivo. Deseamos contar con verduras durante todo el año porque al comprar no sabemos qué estamos consumiendo, y el propósito es la producción natural y ecológica. Por eso utilizamos abonos caseros que nosotros producimos. No compramos nada y esa es la mayor satisfacción que sentimos”, compartió Lucila.

Acciones locales con impacto global

Una de las actividades que se realiza cuando algunos proyectos beneficiarios finalizan y un grupo nuevo está iniciando es el intercambio de experiencias. Esta actividad permite un ida y vuelta de saberes entre pares, entre implementadores de proyectos con objetivos comunes que se encuentran localizados en territorios distantes, así como el aprendizaje por parte de los grupos y asociaciones próximas a iniciar actividades. Así, los participantes logran internalizar que sus acciones locales no son aisladas, y que juntas, pueden tener un impacto global.

“Me alegró el alma enterarme en este encuentro que no somos solo nosotras en nuestra comunidad las que se preocupan por el medio ambiente. Que también están otras compañeras de otros pueblos, que pensamos igual y que nos ayudamos entre todos. Me gustaría que otras mujeres y hombres se esfuercen, se organicen y golpeen puertas, porque solo así se pueden lograr mejores resultados. Si el trabajo es bueno y se trata del cuidado y conservación de la naturaleza, se puede lograr mucho más. Nosotras continuaremos trabajando en nuestro vivero y lo haremos crecer, ya hicimos el compromiso”, aseguró Lucila.

Mirta Vázquez por su lado, miembro de la Asociación, resaltó la importancia y los beneficios de que las personas se empoderen, se organicen y formen asociaciones. “Si no se organizan, las personas difícilmente logren algo significativo. Hoy en día todo funciona de esta manera. Juntos debemos cuidar el planeta, cuidar el agua para que el día de mañana dejemos una hermosa herencia, entre lo que están los bosques”, sostuvo.  

Equidad de género

Lucila explicó cómo, además del vivero y los plantines, el proyecto trajo consigo otros beneficios de gran importancia para la comunidad. Uno de los temas abordados fue la equidad de género. Lucila comenta que en su comunidad no existen espacios en los que se pueda abordar este tema, por lo que la charla generada por el proyecto les permitió saber y conocer sobre los derechos de los que gozan. “Fue allí que pudimos abrir los ojos y comprender muchas cosas. Yo ya estoy aplicando esto en mi casa, con mi hijo, siempre trato que realice los trabajos del hogar al igual que las mujeres”, comentó.

En el marco de las actividades del proyecto las mujeres de la Asociación también intercambiaron información relacionada a la seguridad alimentaria, y a la importancia de realizar varias comidas equilibradas al día y la relevancia de, para lograr aquello, cultivar en sus chacras alimentos variados de modo a poder aprovechar sus frutos a lo largo de todo el año. Percatándose de la importancia de estos aprendizajes, las mujeres de la Asociación decidieron compartir la información en las escuelas, de modo a que alumnos y maestros puedan convertirse en agentes multiplicadores para que la misma se expanda a toda la comunidad.

El Programa de Pequeñas Donaciones (PPD) es un programa global del Fondo del Medio Ambiente Mundial (FMAM), y es implementado por la Representación Local del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y administrado por la Oficina de Proyectos de las Naciones Unidas (UNOPS). Para esta iniciativa el PPD contó con la cooperación de las Naciones Unidas para la Reducción de  Emisiones de la Deforestación y la Degradación de Bosques en los países en desarrollo para las Acciones de reducción de la deforestación a nivel comunitario (ONUREDD – CBR+).

Más información:

Ingrid Villalba

+595 21 611 980 int. 141

ingrid.villalba@undp.org

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